Entre el Plano y la Escena: La Convergencia de Dos Mundos
Tras casi tres décadas liderando proyectos de infraestructura civil y telecomunicaciones, he llegado a una conclusión científica: el concreto armado es mucho más predecible que un director de teatro en un estreno. Mientras que en la ingeniería civil nos preocupamos porque el terminal de Charallave no se mueva ni un milímetro, en la actuación —disciplina que abracé profesionalmente hace diez años— mi trabajo es, precisamente, moverme... preferiblemente sin chocar con la escenografía.
Ingeniería: El Arte de que Nada se Caiga
Gerenciar proyectos para gigantes como PepsiCo o Motorola me ha enseñado que la precisión no es una sugerencia, es una religión. Si fallas un cálculo en una red HFC de 640 km, alguien se queda sin internet y el mundo se acaba. En cambio, si me olvido de una frase en el set de One Way, siempre puedo poner cara de intenso y esperar a que el director grite '¡Corte!'. Aunque, para ser honesto, el rigor analítico de desglosar un cronograma de obra me ha servido de mucho para no perderme en los ensayos.
Actuación: Mi Recreo Favorito
No se lo digan a mis colegas ingenieros, pero hay una libertad maravillosa en dejar el casco blanco y ponerse la peluca de Dumbledore. La actuación se ha convertido en mi válvula de escape, ese espacio donde puedo ser 'otro' sin tener que presentar un reporte de gestión al final del día. Eso sí, la disciplina de Director de Ingeniería no me abandona; soy probablemente el único actor que llega al set con un análisis de riesgos por si el vestuario no llega a tiempo.
"Al final, diseño redes para que la gente se conecte y actúo para que la gente sienta. Lo primero paga las cuentas, lo segundo alimenta el alma."
jml