La promesa de mi abuelo: La historia detrás del Cristo de choroni

Hay historias que no solo pertenecen a la memoria de una familia, sino que se convierten en parte del alma y del paisaje de un pueblo. La historia del Cristo de Puerto Colombia, en Choroní, es una de ellas: un relato donde se cruzan la ingeniería, la fe frente a la adversidad y una promesa cumplida a orillas del Caribe venezolano.
Esta historia me la relató mi madrina, Tulia Márquez de Jurado Blanco, hija de mi abuelo Roberto Márquez Briceño, e ilustra cómo el trabajo de mi abuelo dejó una huella imborrable en la geografía y en el corazón de nuestra región.
1924: La llegada de la luz a Choroní
En el año 1924, durante el gobierno del general Juan Vicente Gómez, mi abuelo Roberto Márquez Briceño —ingeniero electricista— recibió un encargo fundamental: trasladarse a Choroní para montar la planta eléctrica y llevar por primera vez energía al pueblo.
En ese mismo año nació mi madrina Tulia. Mi abuelo decidió adquirir los terrenos en Puerto Colombia, abarcando una extensión de tierra emblemática cuyos linderos iban desde el cerro El Vigía hasta el río Bonadero, y desde el mar hasta el camino que conduce a Playa Grande. Fue en ese entorno costero, bajo el cuidado entrañable de su cargadora Susana Blanco, donde mi madrina vivió sus primeros años de infancia.
Un giro del destino en Duaca
Años más tarde, en 1929, el destino llevó a la familia a Lara, cuando el gobierno encomendó a mi abuelo la instalación de la planta eléctrica de Duaca. Allí nació su hermana Luisa, cuya vida lamentablemente se truncaría de forma trágica tiempo después en Playa Grande.
Durante su trabajo en la planta de Duaca, mi abuelo sufrió un grave accidente de trabajo al recibir una fuerte descarga eléctrica. Tras el incidente, la familia regresó a Caracas para enfrentar un largo y doloroso periodo de convalecencia en el que perdió la vista.
La fe y el milagro: una promesa en la montaña
En medio de la ceguera y la incertidumbre, mi abuelo se aferró a su fe. Le hizo una promesa solemne al Cristo: si recuperaba la salud y la vista, colocaría una imagen suya en lo alto del cerro de su querida propiedad en Choroní.
"Le ofreció a Cristo ponerlo en la cruz de su cerro de Choroní si lo sanaba… y así sucedió, fue curado."
El milagro ocurrió y su vista fue restaurada.
Fiel a su palabra y a su compromiso con la comunidad, mi abuelo solicitó nuevamente ser enviado a la costa. En 1932, regresó para completar la electrificación de Puerto Colombia y, ante la mirada de su familia y del pueblo, cumplió su promesa instalando la figura del Cristo en la cima del cerro.
Un guardián eterno en la costa aragüeña
Desde 1932, el Cristo de Puerto Colombia ha permanecido en lo alto de la colina, velando por los pescadores, los habitantes de Choroní y los miles de visitantes que cada año suben a contemplar la serenidad del paisaje costero.
Para nosotros como familia, el Cristo representa mucho más que un monumento o un punto de referencia geográfico: es el testimonio de la resiliencia de mi abuelo, el impacto transformador de la ingeniería en los pueblos de Venezuela y el cumplimiento de una fe que iluminó tanto los hogares como los corazones.
Galería: Choroní y Puerto Colombia en imágenes
Una selección de imágenes desde mi archivo de Instagram: el Cristo, el malecón, Playa Grande y los caminos de Choroní que fueron el escenario de esta historia.
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